Church of the Resurrection of the Lord
The Blessed Virgin Mary, named Guadalupe, appeared to Juan Diego, an Aztec Indian Convert, at Tepeyac, near Mexico City on December 9, 1531. During a time of great suffering and loss, Mary, the Mother of God, brought hope, solace and spiritual strength to Juan Diego, “the smallest of my children.” “I will hear their lamentation and will remedy all their miseries, worries and suffering” (Nican Mopohua).
The “Mother of God, our Queen in Tepeyac, who is named Guadalupe” became the messenger of God’s presence in the Americas ushering the beginning of the new evangelization, giving birth to a new church. The Feast of Our Lady of Guadalupe is the one Marian celebration common to all the Americas.
Mary, under the title of Our Lady of Guadalupe, has an important role in the spirituality of the Indigenous and Mexican/Hispanic Catholics. Her message is prophetic of what is to come. A call to be ministers of compassion and goodness, to be advocates for the oppressed, spokespersons for the poor. The Message of Guadalupe reflects the Magnificat in Luke 1:51-52. An unequalled symbol of inculturation, the Gospel was given a form of expression that mirrored the culture, taking root and giving birth to the deep faith expression which celebrates St. Juan Diego Cuauhtlatzin’s witness of humility, faithfulness to prayer and charity.
Music, “a symbol of the divine,” drew Juan Diego to Our Lady. Narrating “The Four Apparitions,” provides a catechesis. The celebration takes on many forms. The novena, praying the Liturgy of the Hours, “Serenatas” for Vespers, early morning on the Feast day or before the Eucharistic Liturgy all harmonizing with the Liturgy, which is central. The music, bright colors, roses, Matachines, food and hospitality all witness a “Faith” being celebrated, a faith, hope and love which is lived and extended.
La Santísima Virgen María, llamada Guadalupe, apareció a Juan Diego, un Indio Azteca Convertido, en Tepeyac, cerca de la Ciudad de México el 9 de Diciembre de 1531. Durante un tiempo de gran sufrimiento y dolor, María, La Madre de Dios, trajo esperanza, consuelo y fortaleza espiritual a Juan Diego, “el más pequeño de mis niños.” “Yo escucharé sus lamentos y remediaré todas sus miserias, preocupaciones y sufrimientos” (Nican Mopohua).
La “Madre de Dios, nuestra reina en el Tepeyac, que es conocida como Guadalupe” se convirtió en la mensajera de la presencia de Dios en las Américas trabajando para dar inicio a la nueva evangelización, que da vida a la nueva iglesia. La Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe es una de las celebraciones Marianas mas común para todas las Américas.
María, bajo el título de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene un rol muy importante en la espiritualidad de los Indigenas y los Católicos Mexicanos/Hispanos. Su mensaje es profético para lo que ha de venir. Un llamado a ser ministros de compasión y bondad, para ser defensores de los oprimidos, y voceros de los pobres. El Mensaje de Guadalupe refleja el Magnificat en Lucas 1:51-52. Un inigualable símbolo de inculturización, el Evangelio toma una forma de expresión que refleja la cultura, tomando raíces y dando vida a la expresión profunda de fe que celebra St. Juan Diego Cuauhtlatzin como testigo de humildad, fidelidad a la oración y caridad.
La Música, “como símbolo de lo divino,” trajo a Juan Diego con Nuestra Señora. Narrando “Las Cuatro Apariciones,” nos ofrecen una catequesis. La celebración toma muchas formas. La Novena, rezando la Liturgia de las Horas, “Serenatas” para las Vísperas, temprano en la mañana de la Fiesta o antes de la Liturgia Eucarística, todo se harmoniza con la Liturgia, que es central. La música, de muchos colores, rosas, Matachines, comida y hospitalidad son testigos de la "Fe" que está siendo celebrada, una fe, esperanza y amor que es vivida y extendida.